Hace falta echarse de menos

Photo by JoEllen Moths on Pexels.com

Hace falta un poco de ausencia para echar de menos a alguien, para entender su verdadero valor. Te das cuenta cuando te conviertes en ese cliché de “nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde”. Me ha pasado en algunas ocasiones. No puedo negar eso, ya que no soy ajeno a los defectos de los que está hecha nuestra sociedad y que uno los adhiere a su identidad, a su forma de ser o a su conveniencia. Considero que no todo se acaba por cansancio, por rutina sino que, también, nos hace falta un poco de ausencia para lograr entender la importancia de ciertas personas en nuestro vivir cotidiano. Me refiero a ausencia no a faltarse.

Tratándose de cuestiones amorosas, no se trata de terminar y regresar. No me refiero a ese tipo de ausencia. Sino más bien al espacio que les permita realizarse como personas, un espacio necesario que permita echarse de menos, que haga la relación menos rutinaria, donde ambos puedan perseguir sus sueños y sentirse realizados sin perder de vista el motivo que saben los mantendrá unidos siempre.

No se trata de dependencia económica ni emocional, se trata de seguir queriéndose como lo hacían antes de llegar a establecer una relación de pareja. Está claro que resulta poco llevadero en la realidad porque a veces nos cuesta sacrificar nuestra individualidad, nuestro egoísmo, nuestro orgullo. Nos cuesta ceder un poco. En la vida de pareja no se trata de ganar sino de hacer mejor llevadera la convivencia. En este ámbito el respeto juega un rol importante, eso incluye la fidelidad, la lealtad, el aprender a pedir disculpas a tiempo, también a perdonar con la intención de fortalecer ese vinculo afectuoso. Nos cuesta ceder, llegar a un acuerdo. Creo que en ese punto hasta se olvida el amor que sentimos por el otro.

Nos cuesta o no queremos desprendernos de ciertos defectos, y por el contrario buscamos justificarlos con nuestro pasado o cualquier otra excusa. El error es esperar que la persona algún día de pronto cambie, que vuelva a ser la misma persona de quien se enamoraron. En realidad, nunca se tomaron el tiempo para conocerse, se comprometieron con tanta prisa que ni siquiera se dieron cuenta de nada hasta el día que sucede un problema o de pronto vienen los hijos. A veces, los hijos vienen antes que ya no dejan espacio para conocer a la persona antes de involucrase, pero si se tiene opción. El peor error sería atarse a una relación amorosa donde morimos a diario, donde más que un hogar habitable se convierte en un infierno.

Considero que las decisiones que involucran tiempo, como lo es, casarse, estudiar una carrera, no deben de ser tomadas a la ligera. Y muy por el contrario se deben decidir con calma, sin prisa, sin urgencia para complicarnos la vida.

Antes de subir al tren, debes preocuparte por encontrar a la persona que haga mas bonito ese viaje, una persona con la cual no haga falta preguntarse nada. Una persona con quien no haga falta fingir ser diferente, que la única condición sea, precisamente eso: ser tu mismo.

Una persona que entienda que no hay nada mas valioso en esta vida que la familia.