Epístola a los poetas que vendrán

Photo by Du01b0u01a1ng Nhu00e2n on Pexels.com

Tal vez mañana los poetas pregunten
por qué no celebramos la gracia de las muchachas;
tal vez mañana los poetas pregunten
por qué nuestros poemas
eran largas avenidas
por donde venía la ardiente cólera.

Yo respondo:
por todas partes oíamos el llanto,
por todas partes nos sitiaba un muro de olas negras.
¿Iba a ser la Poesía
una solitaria columna de rocío?
Tenía que ser un relámpago perpetuo.

Mientras alguien padezca,
la rosa no podrá ser bella;
mientras alguien mire el pan con envidia,
el trigo no podrá dormir;
mientras llueva sobre el pecho de los mendigos,
mi corazón no sonreirá.

Matad la tristeza, poetas.
Matemos a la tristeza con un palo.
No digáis el romance de los lirios.
Hay cosas más altas
que llorar amores perdidos:
el rumor de un pueblo que despierta
¡es más bello que el rocío!
El metal resplandeciente de su cólera
¡es más bello que la espuma!
Un Hombre Libre
¡es más puro que el diamante!

El poeta libertará al fuego
de su cárcel de ceniza.
El poeta encenderá la hoguera
donde se queme este mundo sombrío.


Las imprecaciones (1955)


Manuel Scorza (1928-1983), poeta peruano de la llamada Generación del 50, entre el compromiso social y la imaginería parasurreal, se dio a conocer en el ámbito internacional con la primera entrega (Redoble por Rancas, 1970) de una pentalogía (La Guerra Silenciosa, 1970-1979). A lo largo de sus páginas, integradas por Historia de Garabombo el InvisibleEl Jinete InsomneCantar de Agapito Robles y La Tumba del Relámpago, Scorza denuncia las injusticias contra las comunidades indígenas de los Andes, perpetradas por un gobierno alejado de la sierra y unas empresas transnacionales sin escrúpulos.