Mi Abuelo

Mi Abuelo Baldomero, formó parte de nuestra entrañable niñez, llegaba a la chacra a visitarnos cada cierto tiempo con sus burras arreadas y con su machete en funda revestida de algunas monedas de 9/10, como un recuerdo de su tierra de donde migro cuando era aun joven. Nos sorprendíamos de sus machetes bien afilados que de un solo machetazo trapazaba un tronco de plátano, que tratábamos de imitar a nuestros cortos 8 años

Se pasaba horas, contando sus historias casi siempre repetitivas, con su narrativa colorida y amena que nos hacia imaginar los paisajes de sus historias y de sus amores de su juventud. Hablaba de muchas mujeres con historias casi fantasiosas y encuentros que hacían parecer la misma historia que cambiaba de nombres en cada conversación, y nos hacia pensar que eran muchas mujeres que había tenido en su vida.

A los 30 años decidió venir a conocer la Montaña, como muchos llamaban ala selva donde producía café y tabaco, y contaban los emigrantes, que si movías los arboles caía plata para recoger en alforjas. Así que un día de junio cogió su alforja, enfundo su puñal y con su fiambre a base de maíz tostado, tortillas y queso. Camino 3 días hasta que llego al san Jose del Alto, lugar cercano donde años después se establecería con toda su familia.

Llego en plena cosecha de café y al siguiente día ya estaba trabajando en la Sra. francisca con un grupo de amigos y paisanos que se reencontraron el día anterior. Tomaron mucho aguardiente y cantaron sus pechadas hasta la madrugada, pero al siguiente día estaban de pie para ir a trabajar. Era tanta la suerte que el primer día cayó a su canasta de café que cosechaba, una culebra pequeñita, que apenas pasaba los 15 centímetros, que después de un gran susto logro botarla y matarla a machetazos, anécdota que formaría parte de sus historias por muchos años con una imaginación descomunal como si hubiera vencido a una enorme serpiente.

Después de unos meses regreso con la ilusion de traer a toda la familia vivir en “la Montaña”, asi que lleno su alforja de regalos y compro una docena de cuetes. Bajo la lluvia y sol caminando de regreso despues de tres dias llego a la cumbre de donde se divisaba el pueblo de Matalacas donde estaba su familia, y empezo a reventar cuetes por su llegada. La gente del pueblo proximo se sorprendió y salieron al camino a ver quien llegaba. Era Baldomero, la notica se esparcio por el pueblito y salieron a saludarlo los amigos, al mismo tiempo que le pedian un cuetecito pa’ reventar, otros sacaron aguardiente, alli termino el último cuete de reventar, se emborracho hasta mas no poder, perdió la alforja y regalos, llegando a su casa al siguiente dia por la tarde a contar sus historias de aventura.

Así animó a toda la familia a migrar a la Montaña. en dos semanas alistaron sus caballos rebaños de ovejas, y todo cuanto podían llevar, su padre el Bisabuelo Basilio lidero a toda la familia teniendo como guía a mi abuelo, acomodó a sus dos nietos en una alforja uno a cada lado los subió a un caballo y emprendieron la migración a la Montaña, donde se establecieron.