Cuento Corto Luis Enrique Salazar Relato

Mi mascota y el fujishock

Corría el mes de Julio de 1990, nos encontrábamos en la capital de Perú, mi padre tenía dos empleos y vivíamos holgadamente, él estudiaba inglés, yo karate y teníamos de mascota una conejita llamada “cuqui” con la que jugábamos mis hermanas y yo.

Todo cambiaría el 8 de agosto por la noche, el jefe del gabinete ministerial Juan Carlos Hurtado Miller, anunciaría el paquetazo, que resultó ser el más terrible shock económico. Para tener una idea, un kilo de fideos pasó a costar 4 veces su precio, la gasolina de 84 octanos, pasó a costar 30 veces su precio, así de terrible fue el llamado fujishock, para que se den una idea, fue tan traumático que Hurtado Miller terminó su anuncio con la frase “Que Dios nos ayude”

Me cuenta mi padre que fue un miércoles por la noche, al día siguiente muchos no fueron a trabajar los transportistas no salieron a trabajar, en los mercados sólo había venta de verduras, los puestos de abarrotes no abrieron por temor al saqueo.

Hubo una bonificación extraordinaria de 8,000 intis, los cuales se entregaban 500 intis diarios, que apenas alcanzaban para el pasaje de ida y vuelta al trabajo, para comprar medio kilo de arroz y verduras para hacer un guiso para engañar el estómago. Como consecuencia, mi padre dejó el inglés, yo el karate y la mascota merece un párrafo aparte.

Mis padres muy a su pesar, tuvieron que echar mano de lo que había, la mascota ya era adulta y bien grande por cierto. Esperaron a que estuviéramos dormidos y la sacrificaron, hicieron una división para varios días y así la fuimos pasando, (obviamente se deshicieron de cuánta evidencia había quedado para que no nos diéramos cuenta de lo ocurrido). El gerente del trabajo eventual de mi padre les hizo un aumento sustancial y con el pasar de los días fue mejorando nuestra situación, pero ya no pude retomar las clases de karate, ni mi padre el inglés.

El día siguiente al regresar del colegio, echamos de menos a nuestra mascota, la buscamos toda la tarde, hasta en la casa de los vecinos, ya que tenía la costumbre de salir de la casa e ir a la casa de enfrente donde vive un amigo, más de una vez la encontramos ahí, pero ya no la encontramos más, mi padre nos dijo, ya ven, para que dejan la puerta abierta, ya se perdió la cuqui. Analizo este ultimo párrafo y me pregunto si en estos tiempos podríamos hacer lo mismo, dejar la puerta abierta!!!

Años más tarde haciendo la sobremesa, un domingo cualquiera que nos quedamos a conversar después del almuerzo, nuestros padres nos confesaron el verdadero final de nuestra mascota y porque la tuvieron que sacrificar, porque no había para que comamos nosotros, menos iba haber para la mascota, triste final, pero cumplió un papel muy importante, el de alimentarnos en época de crisis.

Extrañe mucho a la mascota, también el karate, era algo que me agradaba mucho, incluso participe en torneos, nunca supe porque lo había dejado hasta años mas tarde al enterarme de la noticia junto con la coneja. Ya adultos todos, entendimos la misión que tuvo nuestra mascota, la cual extrañamos por mucho tiempo y no perdíamos las esperanza de que en cualquier momento apareciera. Eran otros tiempos, la gente no se quedaba con lo ajeno…

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