Mi utopía

Todo empezó muy rápido que apenas tuve tiempo de decirte un te quiero, tus besos me complicaron el discurso, pues no esperaba sentir tantas cosas con solo mirarte a los ojos.

No quiero guardar tu recuerdo donde pese menos y luego seguir de largo. No, no quiero eso. Quiero que construyamos un mundo y pintemos el dintel de la entrada con tanto amor y da albergue de por vida a una ternura que al mirarla nos compliquemos la vida solo por verla correr tras el mundo donde un día nos conocimos. Quiero leer esta carta muchos años después y decirte que mis miedos encontraron la paz bajo el calor de tus abrazos y mis ganas de amar se desprendieron de mi alma cuando se enteraron que existías.

Antes de conocerte, tenía miedo de no encontrarte, de seguir deambulando en algunas vidas donde forzaba la puerta para salir, en cambio a tu lado siento que puedes dejar la puerta abierta a pesar que esté tentado a mirar por la ventana no podría irme porque no sobreviviría a un invierno sin tus besos. Antes de mirarte, te he imaginado muchas veces y pensaba que lo más cercano que podría tenerte era en mis noches de insomnio donde hasta el aire que respira mis pulmones tenía tu risa, ahí, mi habitación estaba llena de recuerdos inventados que hasta estaba convencido de tu nombre, hasta la noche en que te vi. Entonces caí en la cuenta que llevaba 10,415 días, sin contar años bisiestos, echándote de menos.

No creo en el amor a primera vista y a pesar que desde el minuto en que te vi entrar me gustaste tanto y desde ese instante me convencí que a tu lado era el lugar perfecto para complicarme la vida, seguí incrédulo como siempre. Pues, al mirarte sentí haberte conocido en alguna parte y solo era cuestión de hablarte de mis ganas porque te quedaras de mi lado y yo del tuyo, decirte que no tenía más alternativa que amarte, qué solo tenía una vida y quería compartirla contigo. Pero no. Decidí seguir como siempre, aun sabiendo que tú eres mi utopía.

Amor mío, robarte un beso fue un acto de justicia, pues llevabas varias noches robándome el sueño. Admito que no he podido superar ese momento como tampoco he podido vivir sin extrañar volver a verte.

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