Detengamos Julio

— El profesor dejó esto

Fueron las primeras palabras de un mensaje que ha hecho de la vida una prolongada conversación y suscitado momentos mágicos. Luego, hablamos de fútbol, ahí, detuvimos la conversación por algunos días. Hasta entonces, no tenía su numero guardado en mis contactos, tampoco me sabía su nombre completo ni había tenido la irreverencia de husmear en la Internet en busca de información referente a ella.

Al día siguiente, el silencio de una conversación pendiente fue interrumpido por un mensaje, ésta vez era yo quien escribía. Es como si me hubiese quedado pensando en la conversación del día anterior y a toda costa quería prolongarla una vida entera. Seguimos hablando de deporte, pensé que la rivalidad de dos equipos de fútbol podrían ser cómplices del inicio de una historia de amor qué estaba dispuesto a prolongar por una eternidad. El problema con las eternidades era que no siempre duraban una vida entera, a veces solo lo necesario para un día contar que si existió un momento donde nos sentimos tan vivos como nunca.

— Hola, ¿Cuál es tu Score para hoy? Pregunté

— Hola, 2-1 ¿y para Usted?

—A la inversa, pero 2 -0

Mi afán de seguir hablando con ella, sin insinuaciones ni pretensiones exageradas, me dieron una estocada en mi ego que hasta entonces lo tenía por las nubes. Su respuesta puso un muro alto, su mensaje tenía la frialdad esperada y el respeto que en charlas anteriores era inexistente. Fue diferente en la primera cita, creo que a veces se le olvidaba y, entonces se dirigía hacia mí con una confianza entrañable, como si nos conociéramos de muchos años.

Daban los primeros minutos del día domingo, y era hora de despedirme de ella e ir a casa. Tenerla a centímetros de mí era lidiar con el deseo de abrazarla, besarla y decirle al oído las cosas que guardaba bajo un miedo a no poder amarla como a ella le gustaba. Su corazón ya había sufrido las secuelas del amor y tenido que levantarse y sonreír, de no haberlo hecho jamás me hubiese enamorado de la silueta de su risa.

— Tengo miedo, me dijo

Quería abrazarla hacia mi pecho pero sus besos me habían encadenado y la sensación de tenerla tan cerca era inimaginable. Mi corazón estaba hecho un ovillo en el pecho y mi respiración acelerada se confundía con mi torpeza al intentar acariciarla. Era mi vida sin guión, sin improvisaciones y con el toque de locura que le hacía falta, era la vida que no estaba esperando pero al sentirme parte de su risa e imaginando ser el motivo no me quería ir por nada del mundo de su lado. Quería prolongar la noche, comprarle tiempo a la vida, darle tregua a ese momento y hasta quería detener julio.

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