Alejandra

Los primeros días, fueron sin duda los mejores. Ambos, por mutuo acuerdo, optaron por cuidarse con algún método anticonceptivo. Debido, a que estaban convencidos de que no era el momento de traer hijos al mundo. En cierto modo, ambos,  no se sentían en la capacidad de darles una vida adecuada.

Su matrimonio, se llevó a cabo en Lima. Por el mes de junio, Familiares y amigos realizaron la travesía de la sierra hacia la capital, para adentrarse en una Ciudad gris, que a la vista de sus ojos les pareció decepcionante. Fue un evento muy esperado, eso a pesar que no eran celebridades ni formaban parte de la farándula local. 

Aquella tarde, lejos de la mañana de aspecto lúgubre en la cual se conocieron, frente al centenar de personas se prometieron amarse y respetarse hasta que la muerte los separe.

Minutos antes de que se escuchara el tan esperado “si” de la novia, desatara una ola de aplausos de deseos sinceros e hipócritas, Luis, tenía miedo que alguien se levantara y dijera, esa frase que ha logrado que las telenovelas tengan mas de cien capítulos y varias temporadas, “yo me opongo” Por tal motivo, cuando el padre dijo: puede besar a la novia”, el se apresuró en darle el beso, sin darse cuenta que el ramos de flores rodaba por el suelo como un regalo que no tenía importancia. Si fuese sido por el, se hubiera saltado el protocolo.

La vida de pareja, iba mas allá de una frase bonita repetida en cada boda. Ale, lo sabía mas que nadie. Por ello, siempre que tenía oportunidad, lo consentía ya sea preparando su plato favorito o teniendo una cita con el lejos de su entorno habitual. Además, en el sexo, era ella quien tomaba las riendas en la cama. Se ponía una lencería distinta cada noche que quería provocarlo. En cierto modo, lo lograba. Pero no entendía,  porque el se quedaba dormido minutos después. Ale, se preguntaba a menudo, si eso pasaba con todo los hombres. En más de una ocasión, estuvo dispuesta a acostarse con otro hombre, mas por un tema de cultura que por placer. Después de todo, Luis, era el único hombre que había visto desnudo.

En los primeros meses, fueron los mejores amantes en la cama, sentían que estaban destinados el uno hacia el otro. Se quedaban retozando hasta el amanecer, y el cansancio estaba ausente de su cama donde se respiraba una mezcla de amor y placer. Con el pasar de los años, el sexo fue un tema secundario, ya no coincidían en las noches con las mismas ganas como ocurría años antes. Poco a poco se fueron olvidando hasta del sabor de sus cuerpos. Ella no sabía si su esposo la deseaba como antes. mientras que el no tenía ni idea de que color eran las bragas de su esposa, que cada vez eran más diminutas.

Ale, quería que su esposo la tocase de la forma en que solía hacerlo antes. Quería tener hijos de el. Por lo tanto, dejó de usar el método anticonceptivo seis meses antes. Soñaba con quedar embarazada pero su esposo estaba demasiado cansado para el sexo. Y cada día que pasaba, ella, consideraba amanecer en otra cama. Donde otras manos tratasen  a su cuerpo con las ganas suficientes para hacerla suya hasta la mañana siguiente.

***

La noche en que la conocí, en un bar al cual no había ido nunca, Ale, estaba ordenando una copa de tequila. Ella, Llevaba puesto un vestido negro de encaje con la espalda descubierta. Sus curvas denotaban la perfecta sinfonía de un vals que jamás se había bailado. Y el escote prenunciado fue cómplice de una imaginación que iba mas allá de los límites permitidos por la conciencia.

Me senté junto a ella, ordené una copa de Whisky, luego le pedí al Bartender que guardara mi saco de corduroy bajo el mostrador. Mientras esperaba el trago, una llamada telefónica interrumpió ese momento y no era a mi teléfono, era el suyo. De eso estaba seguro, debido a que en mi caso no tenía contactos guardados de nombre Amor seguido de una par de corazones rojos, un emoji de un beso, un anillo de compromiso, una copa de vino y de nuevo dos corazones rojos. 

Dejó que el teléfono vibrara una y otra vez. Era una de esas llamadas de emergencia que en automático se volvía a marcar. Es muy probable que Luis se saltara siempre la contestadora automática del buzón de voz, no porque le gustaba esa voz melodiosa sino porque  tenia la esperanza que esta vez su esposa le contestara el teléfono.

Cuando volví la mirada hacia ella, iba a decirle algo pero me detuve cuando vi las veintisiete llamadas perdidas, sin contar la entrante que por buena o mala suerte de ella no se trataba de la misma persona. Es muy probable que el individuo detrás del contacto “Amor”, estuviera liberando una batalla en su imaginación. Muchos años después mientras hablábamos por teléfono me hacia saber que su amiga, a quien tampoco le contestó el teléfono, fue su ángel de la guarda por muchos tiempo. Y ella sabía de memoria que aunque no le contestara una llamada, su amiga, tenía la certeza  donde encontrarla. Tal como ocurrió esa noche.

—Es un idiota, dijo dirigiéndose hacia mi.

Dejé de dar vueltas al vaso de whisky, volví la mirada hacia ella, pero esta vez sonreía con ironía. 

—Perdón, no lo decía por ti. Me dijo, con una confianza entrañable mientras señalaba el teléfono.

Iba a decirle, que no importaba, que de todas formas un día lo fui, que estaba bien. Sin embargo, solo atiné a sonreír para luego adentrarnos en una conversación que permitió conocernos un poco más de los limites permitidos por el pudor y la conciencia. 

Ella, mencionaba lo patético y nada romántico que resultaba, de que un contacto guardado con tanto cariño la presionara de una forma tan estúpida. Que no le diera un espacio cuando ella lo necesitaba. en cierto modo, sentía que ya no tenía mérito alguno contestarle el celular. Ella, lo resumía en tres palabras.

—Ya, para qué.

A pesar de todo, no se atrevía a marcharse. Secaba sus lágrimas a escondidas y las enjugaba con tequila. Aún tenía la esperanza de que su esposo volviera a ser el mismo hombre de quien se enamoró.

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