Capitán tapón

Recuerdo como si fuera ayer, −cual anhelo de niño propio de mi edad−, el salir a correr detrás de la pelota, jugar al camotito, era solo dar un toque al balón obviamente con mi gran amigo de infancia, hoy en día padrino de mi niña.

No se donde ni en que momento pactamos ser familia, creo que fue desde que empezamos el trato de hermandad. A decir verdad nuestra comunicación hoy en día es casi nula pero cuando nos encontramos es como si el tiempo no hubiera transcurrido, y hoy −como muchos episodios de mi vida−, es donde recuerdo los diálogos sin fin y los consejos mutuos.

Esta tarde, una vez mas necesite la voz amiga, esa voz que tenía la combinación perfecta con la lealtad, y con el pasar de los años hermandad. A veces duele crecer. El trampolín, como le suelo llamar a la vida, no perdona tiempos, ni edad. Está marcada por golpes y episodios que muchas veces no quisiéramos pasar.

Y claro esta que muchas veces eres victima y otras te toca ser el verdugo o el inquisidor. Muchas veces pesará cada decisión tomada acertada o errónea. Las decisiones de ser acertadas tendrás la satisfacción de haber tenido el temple y la madurez adecuada para tal o cual decisión.

Quisiera saltarme episodios de este trampolín pero no muy lejos escucho la voz de mi padre, donde me contaba la vida a su manera. Era como si viviera dentro de un cuento, un cuento que el me relata sin apartarme de la realidad, me ponía cada hincapié y ejemplos de la vida que yo transmito a los míos.

Decía, “El chinito” −como suele llamarlo mi madre− “vive tus etapas con intensidad, no te saltes tus etapas, vive cada una de ellas de acuerdo a tu edad, ellas no volverán”.

Y hoy los años pesan. Me veo en la otra cera de la vereda −como diría mi viejo en la otra cara de la moneda−, la vida me da una nueva enseñanza para poder empatizar su accionar.

Muchas veces creí, que el no me entendía, que el era un exagerado. Muchas veces llegue a pensar que solo desahogada sus impotencias conmigo, que era yo el incomprendido, no entendía el concepto de empatía en esos años. Por ello, agradezco todo su accionar positivo o negativo para mi en ese momento, porque hizo de mi un hombre correcto cosa que trato hacer hoy en día como cabeza de familia y a veces siento defraudarlo en el día a día.

Quisiera poder tener esa magia de contarte un cuento a mi manera, un cuento que te lo puedas creer, que sea yo ese narrador que añoraba escuchar de niño con cada ejemplo de vida, que entiendas que nadie mas que nosotros te ama con todo el corazón. A veces suelo lastimarte con cada improperio vociferado, me suele ganar el temperamento. Cuanto desearía ser mas mesurado y acorde para llegar a ti, con el tino y el tacto correcto, solo intento no defraudarte y ser ese ídolo que yo veía cada vez que veía llegar a papá.

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