Paternidad anticipada

La noche en que fui por el último ejemplar de Renato Cisneros, escritor que se ha convertido en mis favoritos –sin sobreponerse a Gabriel García Marquez, ahora ni en cuarenta años– tenía la imaginación perdida en un laberinto sin salida. La idea de ser padre.

Un año antes, había terminado mi relación amorosa –por el miedo a renunciar a mi vida de soltero– convencido que aun no estaba preparado para ser padre. O tenia miedo de no poder afrontar una responsabilidad de esa magnitud. O sentía que el traje me iba a quedar grande.

Antes de comprar un libro –En este caso”Algun día te mostraré el desierto” de Renato Cisneros– acostumbro a ver alguna referencia de la novela. Entonces, recordé que días atrás leí un fragmento de la obra publicado por el mismo autor en sus redes sociales, por lo que tenía cocimiento del contenido y no hacia falta indagar un poco más. A pesar de ello, la incertidumbre –no la de comprar el libro sino la de saber si podía salir librado después de leerlo– me tenía distraído y mi actuar era por mecanismos propios de la vida.

Ese mismo día, de regreso a casa, me deshice del envoltorio como un niño desesperado por saborear su dulce favorito, y empece a leer –desde la biografía del autor, derechos reservados, incluso la casa editora– le hice una radiografía a cada letra que iba pasando porque sentía que ahí estaba la explicación a ese miedo impostergable.

Me he pasado la vida donde la secuencia de eventos se repite, como si el día siguiente fuese una radiografía del día anterior. Postergando siempre la decisión de asumir la paternidad como algo natural, incluso en ocasiones he dado por cerrado la idea, asumiendo la soltería como una especie de cobardía para no enfrentar el temor a tener un hijo(a) e inculcarle principios y valores que resultan escasos en este tiempo.

Creo que por más que leamos libros sobre “como ser padres” no entenderemos la paternidad como tal a menos que estemos dentro. La textura de esa vida será reflejaba por la relación padre e hijo, por la forma en que convivamos con ese título que en alguno de los caso resulta inmerecido.

Pueda que Renato Cisneros, tenga razón al decir que “las cosas no se comprenden cuando se viven sino antes, a veces después”. El ser padre, estoy seguro que es uno de esos momentos en la vida que para entenderlos tenemos que haberlos vivido, de lo contrario no podremos explicar con certeza el mecanismo de guiar a un ser que viene sin manual de instrucciones.

En cierto modo, me ha costado lidiar con el miedo a no ser capaz de asumir la paternidad de la manera más adecuada. Quizá no se deba a que no haya conocido a una persona con la que haya querido formar una familia y por ende tener un hijo(a) –dado que he conocido personas qué hubiera querido quedarme un poco más–, sino a la idea de renunciar a mi vida habitual para emprender un viaje que implica, biberones, pañales, baberos, dormir menos, y todo aquello que conlleva ser padre.

La paternidad anticipada no es más que mi miedo –referido en todo el texto– a saber que tan preparado puedo estar para ser padre.

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