Escritores - Poesía & Relato Géneros Johnglenn Flores Relato

Carta inconclusa

El motivo principal por la cual escribo, es una razón que va mas allá de un punto aparte. Hace muchos meses atrás, cuando empecé a escribir estas lineas, no tenía ni la remota idea de como diablos me sentiría. Sin embargo, no empezaré relatando emociones de este momento. Las dejaré para cuando logre que ese punto aparte se convierta en un punto final, mas no en un punto seguido. Por cierto, he odiado los puntos suspensivos, pero he amado las comas explicativas de un texto; que por muy mal escrito que resulte, detallan lo que tres suspensivos no logran.  

Empezaré por el principio, aunque resulte lejano en el recuerdo denota la razón por la cual me enamoré de ella. Entonces, mi vida no era mejor que ahora. Y no precisamente por razones de estabilidad emocional. Sencillamente, porque el día que le escribí la primera notaFue la primera oración de una carta inconclusa que yace en el fondo del armario donde guardo las cosas importantesDescubrí lo que me gustaba hacer. Era como un sueño dormido que esperaba pacientemente a que alguien lo despertara. Y fue precisamente esa noche, cuando descubrí que escribir era mi pasión.

Cuando la conocí, en medio del caos, tenia veintitrés años. Aún recuerdo, la tarde en que la vi por primera vez. Ella, estaba mirando hacia otro lugar que no era precisamente el sitio donde estaba parado, desde el otro lado de la vereda yo sonreía sin que lo notara. Puedo afirmar que, desde ese instante el sueño se ausentó de mis noches. Remplazado por un insomnio con recuerdos que aún no había vivido. Su sonrisa era la pieza de una baile que aun no se había bailado.

Recuerdo, el primer beso que nos dimos. Bueno, no fue solo uno, tampoco es como se lo imaginan pero en ese momento sonó la melodía de un vals que nos arrastraba a una pista de baile, donde la complicidad de cada paso que dábamos definía el futuro incierto de nuestras vidas. En cierto modo, fue uno de los mejores días en mucho tiempo. 

Desde aquella noche, fuimos parte de los desayunos a las nueve de la mañana, de un despido injustificado, de los mensajes de texto a las dos de la madrugada, de algunas cartas que ella llegó a leer, y de otras que se quedaron en la papelera de reciclaje. Aquellas cartas donde explicaba las tres razones por la cual me ausentaba de su vida. Debo decir, que ninguna llegó a sus manos. Suena egoísta pero tampoco yo podía lidiar con esas lineas, incluso después de haberlas escrito.

Mientras termino este texto, por las noches, al compás de un cigarrillo me dejo morir un poco más, y a la mañana siguiente vuelvo a despertar con un café, pero sin ella. En este punto es donde recuerdo, las mañanas en que ella me despedía con un beso donde dada su estatura y la única grada que tenia la puerta que daba a la calle, abrazaba su cintura. Es precisamente ahora, mientras naufrago mis emociones en cada linea, donde recuerdo que tan vivo me sentí esos días. 

A veces, he querido renunciar a escribir, sin embargo, su recuerdo que están largo, me obliga a recostarme bajo la complicidad de un abecedario que está cansado de todo. Que está cansado de que siga siendo un cobarde y, no sea capaz de admitir de una vez por todas cuanto la he amado. La diferencia es que ahora, lo hago bajo un silencio inexplicable, de la forma mas callada que existe, intentando en cada tarde volverme a topar con este mi olvido que esta tan lleno de ella. 

La habitación, en la que decidí escribir, sobre ella, es una habitación donde no tenemos recuerdos en común. A pesar de ello, no se han atrevido a irse, a pesar las reiteradas ocasiones que encarecidamente se los he pedido, a pesar que saben que tan mal me siento al despertar a media noche y seguir haciendo lo mismo de siempre. Extrañarla con locura.

En varias ocasiones, he soñado con ella, el sueño ha sido el despertar inexplicable de un amor que naufraga en un Titanic. Sigo siendo un naufrago en cada intento por volver sin que ella se entere. Sin siquiera dar señales de que pienso en ella.

Hoy, decidí hablarle, decidí enfrentar mis miedos, solo para decirle que la echaba de menos. Luego que envié el mensaje, tuve una arrepentimiento por habérselo dicho, quería conservar este secreto hasta que la vida diga basta. 

Muchos meses después, leí una carta de ella, no una dirigida hacia mí. Al contrario, era una de esas lineas que me han dejado jodida el alma. Dudo mucho que pueda recuperarme de ello. Las encontré de casualidad mientras borraba algunos párrafos sin sentido. A partir de ese momento, el insomnio no se ha querido ir de mi cama, eso a pesar que le he dejado la puerta abierta. Pero esa manía suya de dejarme morir mientras sueño, me jode hasta el cansancio, hasta que ve que no puedo más y me deja dormitar por unas horas.

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