Ausencias

En memoria de Bertha Carrascal

Ausencias inevitables, fatídicas, caóticas, sin tregua alguna, son días en el calendario que han sido un desastre. En especial, una fecha que he querido borrar a cada instante. Lo peor de todo, es que el día en que pasó lo encuentro en cada mes, ni febrero se apiada de mi. Y sin importar cuanto tiempo transcurra me duele en el alma su pérdida irreparable.

En estos días, pensé un poco más en ella. De alguna manera le ha hecho falta a mi vida, más de lo que creí. Y de a pocos me he ido dando cuenta que a pesar de su ausencia, no he logrado reemplazar su amor infinito con nada del mundo.

Quisiera no admitirlo, pero extraño los días de su lado. No sé si lo que escribo, hoy, es solo una carta o una plegaria al cielo. Quizá imploro en estas lineas una ventana al infinito para verme a solas con mi madre, aunque sea por un minuto.

Quisiera que reemplacen mi ultimo deseo por aquel anhelo que me ha tenido dando vueltas en la cama, desde la última vez que hablamos. Volver a tenerla de mi lado.

En ocasiones, eramos ella y yo, y no hacia falta más. Bastaba que ella estuviese, y no importaba si me contaba la misma historia de su vida una y otra vez, aun sí nunca me canse de escucharla.

Existe ausencias inevitables, como las de la propia muerte, algunas no he logrado superarlas, como la de mi madre.

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